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Ruta de Hans Christian Andersen

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A lo largo de la historia, grandes personajes de todos los tiempos han pasado por nuestra tierra y se han maravillado con ella. El gran escritor danés Hans Christian Andersen ha sido uno de ellos, y así lo describe en su libro "De Perpignan a Málaga".

Sigue la ruta que él realizó y disfruta de una visión peculiar, personal e incomparable de la ciudad de Alicante del siglo XIX para descubrir la del XXI.


Recorrido

Estación de Ferrocarril

Estación

Comenzamos nuestro recorrido en la Estación de Ferrocarril (Alicante fue la primera ciudad costera unida con la capital: el primer tren llegó el 4 de de enero de 1858), porque desde su llegada, Andersen describe cómo se siente en la ciudad:

"El tren corría veloz, pero antes de medianoche no llegaríamos a Alicante (...) en nuestra llegada a la estación de Alicante (...), lució nuestra buena estrella; una vez más los españoles nos dieron muestra de amabilidad y cortesía para con los extranjeros".


Rambla de Méndez Núñez

Avanzamos por la Avda. de la Estación hasta llegar a la Plaza de los Luceros y continuamos recto por la Avd. Alfonso X El Sabio hasta llegar a su cruce con la Rambla de Méndez Núñez, donde Andersen se detuvo para pernoctar esa misma noche:

"Nos trajeron frutas incomparables, uvas de moscatel zumosas y tersas, vino llameante, el típico de Alicante. El rumor del reflujo del mar, fue nuestra música de sobremesa, las estrellas del cielo, la iluminación; hacía una noche de verano como no lo había experimentado nunca. A la mañana siguiente había que salir a ver Alicante".

Foto Rambla antigua

Explanada de España

Con el nuevo día, continuó su visita por las calles más representativas de la ciudad describiéndolas con detalle:

"La fisonomía de la ciudad la componen casas encaladas, con techos planos y balcones volantes; (...) y una alameda que evoca un fragmento de boulevard parisino (...) la gente se sienta en fila en los bancos de piedra y se dedica a mirar a los que pasean (...)".

Desde la Rambla (calle que menciona anteriormente) siguió hasta la Explanada de España y caminó por ella en dirección al puerto, hasta llegar a la actual Plaza Puerta del Mar. En este mismo lugar se situaba entonces el mercado de la ciudad, y ahora podemos encontrar la Casa Carbonell, un importante edificio de estilo modernista y extraordinaria belleza:

"Cerca de la alameda hay, de cara al puerto, una especie de bazar o mercado de carniceros, pescaderos y vendedores de hortalizas."

Avanzamos por la Avda. de la Estación hasta llegar a la Plaza de Luceros y continuamos recto por la Avda. Alfonso X El Sabio hasta llegar a su cruce con la Rambla de Méndez Núñez, donde Andersen se detuvo a pernoctar es misma noche:

"Nos trajeron frutas incomparables, uvas de moscatel zumosas y tersas, vino llameante, el típico de Alicante. El rumor del reflujo del mar, fue nuestra música de sobremesa, las estrellas del cielo, la iluminación; hacía una noche de verano como no la había experimentado nunca. A la mañana siguiente había que salir a ver Alicante."

Foto Explanada antigua          Foto Explanada actual

Ayuntamiento

Desde allí, subió por una calle que desemboca en la plaza (C\ Cervantes) y que llega justo hasta el Ayuntamiento (uno de los edificios más significativos y que pertenece al barroco civil del S. XVIII):

"Por fuera se extendía la calle principal de la ciudad, con edificios imponentes, entre los cuales destacaba, más que ninguno, el Ayuntamiento (...)".

Foto Ayuntamiento antiguo           Foto Ayuntamiento actual

Concatedral de San Nicolás

Foto Concatedral

Después de verlo con detenimiento, siguió por la calle Mayor y subió por una perpendicular a ésta (la C/ Muñoz), para llegar a la Concatedral de San Nicolás:

"A pocos pasos de allí está la Catedral (...) Cerrado con llave y candado, tenían aquí el paño con el que la Verónica secara el sudor del rostro del Salvador, camino del Calvario."

Y si sorprendido quedó ante el solemne edificio, no menos impacto le causó el ambiente del centro de la ciudad, como nos cuenta a continuación:

"Vigentes alegres a mi alrededor, sentí vida y bullicio. En los balcones y a las puertas de las casas había asomadas muchachas jóvenes, mujeres y niños; motivos hermosos para un pintor."

"Los rayos de sol no podían penetrar entre los altos edificios, los balcones de las casas juntábanse con los de enfrente, y los vecinos podían darse la mano de casa a casa."


El Puerto

Unas horas más tarde, volvió a pasear por la Rambla (alameda en su libro). Para él fue un tapiz en el que quedaba plasmado el verdadero espíritu de la ciudad:

"La alameda estaba concurrida como de costumbre por multitud de paseantes: militares, civiles, señoras de mantilla negra y reverberantes abanicos, mozas y mujeres con pañoleta de colorines. La banda de música había tocado hasta medianoche, la chiquillería bailó en corro por en medio del gentío; (...)"

Finalmente, su relato acaba en la Explanada y, desde ella, la visión del puerto le hace acabar su narración con un tono nostálgico:

"(...) hallé el puerto (...) y contemplé las relucientes estrellas y escuché el rumor del mar (...)"

Foto Puerto antiguo           Foto Puerto actual